
Imaginá que una consulta llega por la web. Alguien copia los datos en una planilla, avisa al equipo y crea un registro en el CRM. Antes de automatizar, conviene dibujar esa secuencia y localizar las tareas repetidas.
Un flujo inicial podría registrar la consulta, comprobar los campos necesarios y asignarla a la persona adecuada. Los casos incompletos o ambiguos quedarían pendientes de revisión.
La IA puede incorporarse donde aporte valor, por ejemplo para sugerir una clasificación. Las reglas sencillas pueden resolverse con integraciones, manteniendo un registro y una forma clara de corregir errores.
